jueves, enero 03, 2008

Renunciar.

Se abre entre tú y yo como un abismo inabarcable.
Son dos concepciones del mundo, de lo que significa para cada uno la felicidad.
Si tú sueñas con embarcarte en peligrosas aventuras, no debes arrastrarme, ahí no puedo acompañarte. En realidad he podido, pero un rato. Porque a mí no me hace feliz. Me hace desgraciada. Y nunca llegamos al final, porque en realidad no hay una meta. Sólo hay un continuo reto.
Y si mis aguas tranquilas te aburren, lo siento. No voy a renunciar a mi serenidad. No voy a renunciar a la tranquilidad de saber dónde estoy, a saber que las cosas irán bien porque yo hago bien, porque actúo con prudencia. Porque no arriesgo sin necesidad.
Llevo mucho tiempo arriesgando, jodida. Estando en la cuerda floja, que a tí te encanta, pero a mí me hace sufrir.
Pues ya vale.
Ahora, a mí manera.
Y si no te gusta, lo siento mucho.
No, no estoy dispuesta a renunciar a mi tranquilidad. A ser feliz. O al menos, a no ser desgraciada.

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